Los mejores vídeos

Loading...

viernes, 10 de febrero de 2012

LOS RESTOS DE MIGUEL GRAU


“Humilla oh Chile! tu soberbia gloria
Ante la sombra del audaz marino,
Mil veces superior a tu victoria,
Mas grande que la muerte y el destino”.
(Fragmento del poema “A Grau” por Fernando Velarde).

Es a todas luces, Miguel Grau Seminario el héroe máximo de la Armada peruana y de la historia general del Perú. Hijo de la dama piurana Luisa Seminario del Castillo y del teniente coronel colombiano Juan Manuel Grau Berrio, quien llegó al Perú con las tropas del general venezolano Antonio José de la Santísima Trinidad Simón Bolívar Palacios. Nació nuestro héroe el 27 de julio de 1834 en la afable ciudad de Piura, en una casona de la calle Mercaderes (hoy Tacna 662), donde compartiría toda su infancia y gran parte de su niñez con sus hermanos Enrique Federico, María Dolores Ruperta y Ana Joaquina Gerónima del Rosario. Su adolescencia y su mocedad discurrió entre su ciudad natal y sobre todo la mar, aquella mar que tiempo después recogería en su vientre a su hijo predilecto.
El 26 de octubre de 1946, durante el gobierno de Bustamante y Rivero, Miguel Grau fue ascendido postumamente al grado de Almirante.



A los 9 años inicia su vida de marino como grumete en el buque mercante granadino “Tescua”, al mando del capitán Manuel Herrera, el cual naufragó en la isla colombiana de Gorgona. Recuperado del incidente Grau viajó por algo más de 10 años por diferentes partes del mundo (Macao, Hong Kong, las islas Marquesas y Sandwich, Shangai, Singapur, Londres, Burdeos, Baltimore, Boston, New York y Río de Janeiro) en barcos también diferentes. El 14 de marzo de 1854 como guardiamarina, inicia su carrera en la Armada Nacional desempeñando diversos cargos hasta ocupar el comando del “Huáscar” en febrero de 1867, durante el gobierno del presidente transitorio Pedro Diez Canseco. Al iniciarse la guerra contra Chile en 1879, tenía Miguel Grau el grado de Capitán de Navío Efectivo, encargándole el presidente Mariano Ignacio Prado la conducción de “la Escuadra Peruana”, pues según el historiador Fernando Romero  ”Se le sabía resuelto, de un valor ciego, profundamente conocedor de los buques, puertos y marinos, enemigos y propios. Era un hecho indiscutible que, además tenía habilidad, era enérgico y nunca perdía la calma”. Acostumbrado al comando del Huáscar, del cual sólo se desligó para cumplir sus labores parlamentarias como diputado civilista por Paita entre 1876 y 1878, se  negó a asumir la conducción de la Independencia que tecnológica y materialmente era la mejor embarcación que tenía el Perú, pues parafraseando bien podría decirse que “el Huáscar” era Miguel Grau envuelto en una coraza de hierro.
El 12 de abril de 1867 había contraído nupcias con la dama limeña Dolores Cabero Núñez de 23 años de edad, con la que tuvo 10 hijos (Enrique, Miguel Gregorio, Juan Manuel Pedro Blas Oscar, Ricardo Florencio, María Luisa, Carlos Pedro, Rafael Leopoldo, las mellizas Victoria y Elena, y Miguel). La familia Grau Cabero vivió en la calle Lescano 172,  cuyo inmueble restaurado se conoce hoy en día como la casa de Grau.
Ya en Iquique (21 de mayo de 1879), en el memorable combate donde perdería la vida el capitán de fragata chileno Arturo Prat Chacón, mostró Grau su admirable destreza pero sobre todo su gran sentido humanitario al arriar los botes del Huáscar para salvar a los náufragos de la corbeta chilena. En sus correrías (mayo-octubre), Miguel Grau apresó transportes, destruyó elementos de movilidad, capturó presas, rompió el cable de Antofagasta, atemorizó al enemigo pero, nunca bombardeó poblaciones civiles. El historiador chileno Manuel Bulnes decía que Grau sirvió al Perú, con valor, con destreza y con humanidad, imprimiendo a sus acciones una nota caballeresca. Los corresponsales de los grandes diarios neoyorquinos, ingleses y bonaerenses, propagaron sus hazañas y divulgaron su figura noble y viril. Grau conoció pasajeramente los halagos de la popularidad. Fue ídolo multitudinario en el Perú y en Bolivia y una figura de leyenda en el mundo entero, pero, se sabía humano, mortal, común, alcanzando a decir alguna vez: ”Si todos los héroes son como yo, declaro entonces que no existen héroes en el mundo”.
En Angamos el 8 de octubre de 1879, con el grado de Contralmirante, no hizo mas que cumplir con lo que él había profetizado”…si el Huáscar no regresa triunfante al Callao tampoco yo regresaré”. Se sabe que en dicho combate, al cual los mapochos nombran como “Mejillones”, una granada lanzada desde el blindado chileno Cochrane cayó en la torre de mando donde se encontraba Grau con su oficial de ordenes Diego Ferré, volando su cuerpo en pedazos. Romero dice que los dientes de Grau quedaron incrustados en la cubierta. Tras una hora  treinta y cinco minutos de combate, muertos y heridos ya todos los oficiales y bajo el comando del teniente primero Pedro Garezón, los chilenos abordaron el monitor. Al ingresar al camarote de Grau, vieron colgada la imagen de Santa Rosa de Lima a la que Grau solía rezar, estaba cubierta de sangre, podía verse en ella cinco perforaciones de bala.
¿Pero, qué sucedió con los restos del contralmirante Grau?
Como vimos anteriormente el último comandante que tuvo el Huáscar en el combate de Angamos fue el teniente primero Pedro Garezón. En un memorándum escrito por él, el 4 de setiembre de 1890, dice:  ”Después de abordado el “Huáscar” por embarcaciones al mando de tenientes del Cochrane y del Blanco Encalada, yo me negué a ser conducido prisionero con los únicos tres oficiales de Guerra de la dotación que quedaron conmigo en combate: Tenientes segundos SS. Canseco y Santillana y alférez Herrera. La razón fue por no haber encontrado hasta esos momentos (11 h. 50 m. a.m.) los restos del Contralmirante Grau, y haber sido yo el último en quien había recaído el mando del buque”. Al permitirle el teniente chileno Simpson, que era el jefe de los que abordaron el “Huáscar” de que podía continuar a bordo buscando el cuerpo de Grau, Garezón permaneció en el entrada la tarde, hasta que encontró el cuerpo intacto del teniente primero Diego Ferré y finalmente rebuscando entre los escombros encontró los restos del Contralmirante Grau. “Confundido con las astillas de madera y pedazos de fierro, que ahí existían, al lado de estribor y como a la altura de un metro, un trozo de pierna blanca y velluda, solo desde la mitad de la pantorrilla al pie, el que estaba calzado con botín de cuero;(…)por la situación de ellos conocí que era la pierna derecha; esto fue todo lo que encontré de 4 a 5 de la tarde”.(teniente primero Pedro Garezón).La pierna derecha de Grau fue envuelta en un pabellón de bote y colocada por los chilenos dentro de un aparato con alcohol a bordo del “Blanco Encalada” y finalmente puesta en una cajita que llevaba como distintivo una cruz de madera con letras negras. Pedro Garezón sostiene que él tenía la plena seguridad que esos restos eran del Contralmirante Grau, por  que él había servido cinco años con Grau y lo conocía bastante y porque en la torre del comandante no estaban mas personas que él y su ayudante Diego Ferré y dado que el cuerpo de Ferré se encontró íntegro, lo que él encontró tenía que ser los restos del Contralmirante Grau.
La pierna derecha de Grau y una parte de su cráneo (mandíbula) hallada por los chilenos fueron enterrados inicialmente en Antofagasta, siendo trasladados posteriormente al mausoleo de la familia Viel en Santiago de Chile, por haberlo pedido así el Contralmirante chileno Oscar Viel y Toro, compadre y concuñado de Grau, mediante una solicitud a su gobierno. Posteriormente otro compadre, el ministro peruano Carlos Elías gestionó en Chile el traslado de los restos en una “urna” al Perú, hecho acontecido el 15 de julio de 1890 durante el gobierno de Andrés A. Cáceres, los que serían enterrados inicialmente en el mausoleo del Mariscal Ramón Castilla en el cementerio Presbítero Maestro, permaneciendo en el hasta el 8 de setiembre 1908 en que habiéndose construido “la Cripta de los Héroes”, fueron trasladados allí en solemne ceremonia. El 21 de marzo de 1958, el presidente Manuel Prado Ugarteche, acompañado de su gabinete ministerial y altas personalidades, entre las que se hallaban María Luisa Grau, hija del héroe, y el sobreviviente de Angamos el alférez de fragata Manuel Elías Bonnemaison, recibió del gobierno chileno las reliquias de Grau, “un trozo de tibia”, un escapulario y un detente, una cinta de seda, un juego de charreteras de su uniforme de marino y un libro en inglés titulado ”North Atlantic”, testimonio de su afán por el perfeccionamiento náutico. Esta tibia de nuestro héroe  descansa hoy en la “Escuela Naval del Callao”, mientras sus otros restos al que historiamos anteriormente yacen en “la Cripta de los Héroes” en el cementerio Presbítero Maestro.
 Restos del Contralmirante Miguel Grau Seminario al llegar a la ciudad de Lima en  1890.
Dedicado a mi amigo Christian A. Muñoz Cabrera


10 comentarios:

  1. conocer el valeroso, pero triste y lamentable fin de Grau, sobrecoge mi alma y me duele mucho como peruano, imagino cuan orgullosos deben sentirse los subalternos y oficiales de la marina de guerra del Peru, que ademas tienen la grave responsabilidad de seguir su ejemplo. Grau vivira mientras exista este mundo, en el corazon de todos los peruanos.

    ResponderEliminar
  2. me rindo ante el gran almirate grau bueno acabo de leer un poco de su biografia y me lleno de muchos sentimientos encontrados de tan solo pensar de haber estado ahi de ser su almirante apoyando cada decision que tomaba en esa nave ..que viva grau carajo¡¡¡¡¡ asi como muchos peruanos que sacaron garra por nuestra patria que feliz me siento de ser peruano.

    ResponderEliminar
  3. gloria a Grau y pensar que estuvimos a punto de recuperar todo lo perdido y robado por los chilenos en el gobierno de Juan Velasco Alvarado el cobarde de Morales Bermúdez lo derroco y mato así como lo hizo con Hoyos Rubios promoción de Velazco que suerte la de estos chilenos miserables

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nuestro pais es el pais de los estuvimos, casi , hubieran, sera seriamos y los si no fuera por.....cuando cambiemos eso seremos grandes..

      Eliminar
    2. Nuestro pais es el pais de los estuvimos, casi , hubieran, sera seriamos y los si no fuera por.....cuando cambiemos eso seremos grandes..

      Eliminar
  4. cuan orgullosa me encuentro del almirante MIGUEL GRAU SEMINARIO de haber luchado hasta el fin de sus dias por nuestra patria.. por esa razon mi vida es el mar la marina y es ahi donde voy a postular para poder ingresar a esa institucion y servir a mi patria como Grau nos enseño,,persevar hasta el fin!! seamos orgullosos siempre de ser peruanos y sevir como debe ser.. VIVA "MIGUEL GRAU"

    ResponderEliminar
  5. El Gran Almirante don Miguel Grau Castillo es sin duda alguna el máximo héroe del Prú. Con relación a su apellido materno, su madre fue doña Josefa Castillo, la partida de bautismo es muy clara y la Constitución del Perú lo reconoce, siempre que no exista resolución judicial en contrario. Y no existe

    ResponderEliminar
  6. Oscar García Díaz 30-08-2016
    Efectivamente el apellido materno de Miguel Grau es Castillo, han transcurrido más de 180 años y nadie ha presentado una sola prueba de que la Sra. Luisa Seminario sea su madre. Lo que pasa, es que la Sra. Josefa Castillo era de origen humilde y la Sra. Seminario pertenecia a la alta sociedad de Piura.

    ResponderEliminar
  7. Un respeto a Grau pero no entiendo porque salvo las vidas de los chilenos vencidos denvez de rematar a los demas barcos, y tambien se nego a atacar a sus civiles, cuando ellos saquearon, violaron y mataron a los civiles. Ese acto no fue heroico

    ResponderEliminar